Poder y significado de las palabras / Por Alberto Calderón P.

Nuestro idioma compuesto por la influencia de otras lenguas le da una particularidad muy interesante, aunado a la evolución y la desaparición paulatina de palabras antiguas, hace que reconozcamos, recordemos algo de nuestro vocabulario que se fue y nos enfrentemos a nuevos términos.

El idioma náhuatl es hablado por más de un millón y medio de habitantes en nuestro país, surgido según algunas investigaciones alrededor del siglo V de la era cristiana y su aportación al idioma español es significativo, utilizado por nosotros de forma cotidiana como por ejemplo cuando se nos antoja y compramos un “esquite”, que en náhuatl significa una botana de maíz y que viene del vocablo “izquitl”. Si queremos ofrecer una muestra de afecto lo hacemos “apapachando”, que significa ablandar algo y pudiera traducirse como un abrazo con el alma, ya que entramos al terreno del afecto, otra palabra que nos acerca a ello para dar un grato obsequio es el chocolate cuyo origen proviene de la palabra “xocolatl”, se lo obsequiamos a la novia, a la esposa o a un “cuate” que proviene de “cuatl” que significa mellizo pero la evolución de nuestro idioma lo coloca como a un amigo. ¿Quién no ha disfrutado las delicias de un tomate?, en rebanadas para una ensalada, preparado para un guiso, pues la palabra de esa apetitosa fruta, significa “agua gorda” en náhuatl y si de agua nos referimos, podríamos ejemplificar el origen de la palabra de la capital de nuestro estado, Xalapa que proviene del náhuatl “manantial en la arena”, así con la influencia del idioma que se hablaba en una importante parte de nuestro territorio, desde antes de la llegada de los españoles, podríamos continuar pero ahora le toca el turno a las palabras antiguas que paulatinamente siguen desapareciendo.

En las novelas románticas de finales del siglo XIX y los inicios del XX, era frecuente utilizar “achicopalar” cuando se hacía referencia a una persona que se encontraba triste, deprimida, preocupada. En la actualidad es una palabra que poco a poco va perdiendo presencia en nuestro vocabulario y con ello quedando en el baúl de los recuerdos. Se acerca el fin de semana y es el momento para salir de paseo, ir a algún restaurante, al antro, a una fiesta, para ello se hace necesario (no indispensable) arreglarse y si es con esmero las mujeres se ven hermosas y los caballeros pulcros y bien vestidos, pues a ese arreglo minucioso y en ocasiones excesivo se le decía hace apenas unas décadas que la gente estaba “emperifollada”, que viene de enperejilarse, pues perejil nos dice la Real Academia Española uno se sus significados es un adorno excesivo.

Como verán las palabras son un “titipuchal”, el tiempo apremia no quiero ser un “pichicato”, pero no sea que por “tarugo” no me de tiempo de ir a la “botica” y me vea la vecina esa “argüendera” y luego ande inventando que “andaba de calavera” y que me vio medio “beodo” cuando en realidad lo que quiero es ver si don Juvencio se interesa por unos “cachivaches” que tengo en el “baúl” pero como son muchos a ver si pronto encuentro un “chafirete” para que me los lleve, no pasa ningún taxi, pero si esa mujer que está muy “chula”, la vi a los ojos y parece que se “chiveo”

Como ven muchas palabras se las está llevando el tiempo, pero es bueno de vez en cuando recordarlas, hasta la próxima.

Xalapa2000@hotmail.com

Integrante de la Red Veracruzana de comunicadores (REVECO)

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